jueves, 15 de agosto de 2019

Echar sapos y culebras


En todas las ocasiones en que veo a una persona largar, y luego arrepentirse, me acuerdo de la novela “El cartero siempre llama dos veces”, de James M. Cain.
En esta historia, en el instante en que una encolerizada Cora pide declarar; su abogado, para evitar que se comprometa, la anima a hacerlo ante un “policía” que en realidad es un ayudante suyo.
Y es que en la vida ordinaria tendría que suceder algo similar. Me refiero a que cuando alguien se encorajina, y necesita vaciarse para encontrar la paz, debería de aparecer un confidente de mentirijillas que recogiera los secretos (y los sapos y culebras), para posteriormente hacerlos desaparecer.

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