jueves, 15 de agosto de 2019

El día en que eché de menos ser fotógrafa o pintora


Una vez, vi el orgullo reflejado en una cara con tanta intensidad que me pareció hasta indecoroso. Como la dueña de la cara no se percató de que yo observaba su desnudez, se descubrió por completo. Fue durante una boda; en la manera de mirar una madre a su hija que estaba frente al altar.
En ese momento coexistían en mí dos sentimientos opuestos: por un lado quería dejar de atisbar porque me sentía incómoda, y porque mi conducta se estaba asemejando mucho a la de una vulgar voyerista; pero por otro, mi condición de artista me impelía a seguir observando esa emoción para poder captarla e  interpretarla después.
Y fue entonces cuando pensé que, para recoger convenientemente aquellos momentos, lo ideal hubiera sido disponer de una buena cámara fotográfica o un estupendo pincel, y haberlos sabido utilizar.

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