martes, 13 de agosto de 2019

Sin aparato


Aquí en el pueblo el artificio chirría estrepitosamente. Lo que quiero decir es que para sobrevivir en este lugar, lo que hay que hacer es comportarse con llaneza.
El trato con la gente es espontáneo y sencillo. A veces vas por la calle, y, sin que exista un motivo, la gente se te pone a hablar. Los vecinos entran y salen de tu casa con toda naturalidad; y tú sabes que sus puertas siempre están abiertas.
Cualquier cosa que sucede fuera de lo normal, al poco rato es sabida por todos indefectiblemente. Se comenta en la tienda, en el bar, durante el visiteo...
Ayer, por ejemplo, un grupo de mujeres asistió como público a un programa de televisión; y hoy, somos muchos los que esperamos con avidez que nos cuenten la experiencia. Yo misma, en cuanto acabe este texto iré a la peluquería a que mi amiga Clo me refiera todo con detalle. De paso me recortaré las puntas y el flequillo.
Pero una relación tan estrecha con los vecinos también tiene sus inconvenientes. Precisamente es esta proximidad la que provoca que las discordias aparezcan con más frecuencia, y la que impide que las antipatías se diluyan. 

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