Ayer, cuando bordeaba la cima del cerro Conejil, me encontré con una caca en la parte central del camino. El excremento que me estorbaba el paso, de bastante grandura, parecía humano y no era ni muy reciente ni muy antiguo; ni expelido hacía un instante ni tampoco días atrás; medio fresco y medio seco...
Una vez repuesta de la impresión que me hizo semejante hallazgo, me dediqué a cavilar sobre qué tipo de persona se pondría a defecar en un sitio así; un lugar en el que en cualquier momento podía ser sorprendida...
Descarté que una necesidad apremiante hubiera obligado al cagón a exponerse de tal manera, puesto que unas matas cercanas le ofrecían el mejor escondite...
A la vista de los hechos, no sabía qué pensar del ser en cuestión: ¿se trataba de un exhibicionista? ¿un vivalavirgen? ¿un cachondo? ¿un amante del riesgo?
De lo que sí estaba segura era de que a la criatura misteriosa le gustaba el frío, ya que allí siempre sopla un viento cortante y helador...
Nieves Correas Cantos

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