sábado, 3 de mayo de 2025

EL MISAL DE JOSELITO

 De muchacho, me pasaba el tiempo leyendo novelas del Oeste. No podía parar. Lo hacía en todos los sitios: en mi casa, en la escuela y hasta dentro de la iglesia. Semejante afición me la inculcó mi tío Teodomiro; un entusiasta de tal género literario y al que algunos llamaban el Cowboy del Cerro Tomatón.

Un día, en misa, se me cayó el devocionario que con tanto fervor estaba repasando y, al quedar abierto en el suelo, se descubrió el cuento de indios y vaqueros que guardaba en su interior. Ante semejante visión, a una beata que estaba a mi lado le dio un vahído; otra me llamó hereje y me auguró la condenación eterna. Por su parte, el cura me echó un rapapolvo tremendo con capón incluido y me obligó a ser monaguillo. Pero lo que no consiguieron ni unos ni otros, con sus funestos presagios y reprensiones, fue separarme de mi pasión...

Nieves Correas Cantos  

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