Cuando me enteré de que mi musa Anouk Aimée había muerto, me sumí en la nostalgia. Imágenes de películas en las que la había visto actuar acudieron a mi mente y los recuerdos se me amontonaron. Me resultó fácil retrotraerme a los días en que descubrí “La dolce vita”, “Los amantes de Montparnasse”, “Un hombre y una mujer”... y también la bohemia.
Aquellos fueron tiempos en los que me llamaba Ismael y deseaba ser Tomasa. Años de vivir en permanente contradicción y constante sufrimiento. Una época en la que sólo me redimía estando en el cine o en el tocador de mi abuela. Camarín este último lleno de luces y espejos donde, mientras escuchaba ópera, siempre se manifestaba mi auténtico yo...
Nieves Correas Cantos

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