Antiguamente, en algunas casas se guardaban imágenes religiosas. En Semana Santa, dichas imágenes salían en procesión.
DE FUERTES DESASOSIEGOS
A mí, las estatuas me provocan desazón; sobre todo si son más o menos de mi tamaño y están situadas en el suelo. Entonces las miro con infinita aprensión porque pienso que en cualquier momento van a cobrar vida. Me sucede con las imágenes religiosas; con las figuras de cera de los museos; con los maniquíes de las tiendas de ropa...
Una de las experiencias más escalofriantes que he vivido fue cuando de pequeña entré en una casona del pueblo y me encontré con un nazareno en medio de una habitación. Así, tal cual; la representación de Jesucristo con su túnica morada y con su cruz. Recuerdo que me dio un susto de muerte. Una penumbra envolvente desdibujaba los límites de la realidad y tuve la sensación de haber accedido al corazón del misterio...
Nieves Correas Cantos

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