No hay mayor manjar que el queso frito untado con mermelada. Cuando uno le hinca el diente a semejante bocado, la mezcla de sus sabores estimula las papilas gustativas y se experimenta un placer que no tiene parangón. Y el disfrute es todavía superior si la persona come acompañada. Entonces, la necesidad de guardar la compostura delante de los demás comensales, mientras el goce le recorre el cuerpo, provocará que sea mucho más intensa la culminación.
Nieves Correas Cantos

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