Este año se va a llevar el amarillo. Lo sé porque lo acabo de leer en el colorín del periódico. ¡Qué bien! A mí es un color que me chifla. Desde que de pequeña tuve un velo limonado, nunca me he podido resistir a su viveza.
El velo al que me refiero debí de estrenarlo por el tiempo de 1960; cuando las misas se decían de espaldas a los fieles y en latín. Me lo trajo mi tío Ataúlfo de un viaje que hizo al Perú o al Uruguay (ahora no me acuerdo con exactitud). Lo que sí recuerdo es que con aquel trozo de tul en la cabeza tenía la sensación de ser un duende; un ser fantástico cuya testa emitía rayos de luz. El gnomo fulgente, me gustaba llamarme...
Nieves Correas Cantos

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