Hace un rato, por empeñarme en coger un grano de arroz que estaba en el suelo, se me ha quemado la comida. Era un grano que se acababa de escapar del saco que lo contenía. Una maldita semilla que había ido a detenerse donde más podía incordiar: entre las dos baldosas de debajo del fregadero; en un punto inaccesible de la juntura...
Viendo los obstáculos que presentaba la operación, bien podía haber renunciado a ella; o, al menos, haberla pospuesto a otro momento. Pero como estaba en juego mi orgullo, he seguido hasta estrellarme.
Ahora me encuentro sin condumio; y, por supuesto, la jodida partícula continúa en el lugar en el que estaba...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario