martes, 14 de noviembre de 2023

DE TIZNADURAS Y ENJALBIEGOS

 I

Cuando hace unas semanas me operaron de retina, di por sentado que hasta un tiempo después no podría pintarme los ojos ni teñirme el pelo. O, lo que es lo mismo, asumí que durante bastantes días tendría que renunciar a ennegrecerme los párpados al estilo Nefertiti y a entintarme la azotea. 

II

Para mí, prescindir de la imagen faraónica que había lucido desde tiempo inmemorial y que me caracterizaba representaba muchísimo. Significaba algo parecido a perder la identidad. Sin la raya de kohl bordeando mis luceros y con el cabello carente de gena, los demás no me reconocerían. Y puede que incluso yo, al mirarme al espejo, no supiera quién soy. Pero como la intervención era necesaria, acepté con resignación los tremendos inconvenientes.

III

Y ahora, cuando todo ha pasado y podría volver a maquillarme, no lo quiero hacer. Me he acostumbrado a mi nuevo aspecto y he descubierto lo cómodo que resulta ir natural... ¡Sin artificios ni potingues! Creo que así estoy más favorecida porque mis rasgos se han suavizado. Diría que todo es perfecto; y, sin embargo, hace un momento he comenzado a añorar antiguas tiznaduras y enjalbiegos...

Nieves Correas Cantos


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