miércoles, 9 de noviembre de 2022

LA NOSTALGIA CITADINA

 En este final del estío me acuerdo mucho de Alonso, un buen amigo que ha decidido quedarse a vivir permanentemente en el pueblo. Tan resolutivo ha sido su proceder que se ha desprendido de su morada en la urbe y ya figura en el padrón municipal. Y todo ha ocurrido por efecto de una experiencia que tuvo a primeros de agosto. Algo de tipo místico que le sobrevino en las postreras horas de un día, mientras tocaba el clarinete en el patio de su casa.

A mí, el comportamiento de mi allegado me parece una temeridad, por no decir un disparate. Creo que, antes de ejecutar su intención, tendría que haber sopesado los pros y los contras de abandonar la ciudad y establecerse en la villa... aunque ¡quién soy yo, con mi natural osado, para aconsejar prudencia!

En cualquier caso, a mi compadre le deseo lo mejor. Que, cuando todos los veraneantes se hayan ido y el amanecer y el anochecer parezcan tocarse, no se sienta invadido de soledad y nostalgia citadina. Espero que la mucha quietud que se respira en el campo sea siempre para él viento que lo acaricie y no losa que lo aplaste. Que en las noches mágicas en las que interprete “Pequeña flor” se pueda percibir su dicha y no su disgusto...

Nieves Correas Cantos

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