Este verano, mi amigo Benito, el antiguo alfarero, ha adquirido la condición de guardián de los recuerdos. Y no es que los mandamases pueblerinos lo hayan nombrado para tal cargo al tuntún, ¡qué va! Lo han hecho observando determinadas circunstancias y después de una profunda reflexión.
La realidad es que mi barrero favorito tiene una memoria prodigiosa; una aptitud para retener y cuidar el pasado extraordinaria. Cualquier paisano que se sienta acosado por el olvido puede acudir a él con la certeza de que le ayudará a rememorar.
Independientemente de cómo sublime cada uno lo vivido, Benito siempre fijará la historia con precisión.
Mi querido memorión es versado en remembranzas de los años sesenta del siglo anterior. Es la década que más le gusta. Las cosas que sucedieron entonces se le quedaron grabadas de un modo especial.
En un reciente anochecer estival, mientras degustábamos una copita de absenta en su patio, estuvimos evocando el golpe emocional que nos provocó bailar juntos “Ma Vie” en esa época... ¡Nos hartamos de reír!
Nieves Correas Cantos

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