Sé que lo que voy a contar es difícil de creer, mas afirmo que es verdad. Una vez, vi salir una palabra de la boca de un hombre. Y cuando digo que vi salir una palabra, me refiero a que la percibí con los ojos; no con los oídos ni con la imaginación.
El vocablo divisado fue “viripotencia”; una voz hasta ese momento ignorada por mí.
Recuerdo que el término corporeizado presentaba una forma fálica; y, también, que la hendidura oral por donde apareció tenía arriba un pomposo mostacho y dentro varios dientes de oro. Piños áuricos que con certeza añadieron fulgor al insólito espectáculo...
El episodio que acabo de narrar lo viví durante el tiempo que estuve escuchando una plática entre dos varones. En dicha conversación, el dueño de la dentadura resplandeciente le manifestó a su interlocutor que a Benito, el huevero, le faltaba viripotencia. Como yo entonces desconocía el significado de tal palabro y no tenía ni idea de quién era Benito, no pude saber si el de las muelas amarillas llevaba razón. Aunque lo que sí pensé fue que la expresión “viripotencia” tenía muchas connotaciones... y así sucedió que se hizo imagen.
Nieves Correas Cantos

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