Hace un rato, buscando una falda negra en el armario, he encontrado un precioso pañolón que no recordaba que tenía. Conserva un color amarillo; y, aunque es más largo que ancho, no cabe denominarlo echarpe.
El toparme con la tela limonada me ha provocado un gran contento por la utilidad que le puedo sacar. En este tiempo otoñizo en el que al amanecer hace frío y durante el día calor, dicho paño se me antoja el complemento ideal para solventar aquesta contrariedad. A primera hora lo puedo lucir alrededor del cuello y, en el mediodía, llevarlo guardado en el bolso. Voy a proceder de semejante manera quizá hasta que pase el veranillo de San Martín.
Mi pañuelo hallado se lo compré en un antaño lejano a un comerciante al que llamaban el de los machos bien apretaos. Recuerdo que el susodicho era admirado por su fortaleza y templanza. Decía que lo primero que había que hacer por las mañanas era atarse bien los machos previendo lo que pudiera suceder...
Nieves Correas Cantos

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