El otro día, harta de tener que ceder siempre el paso a los demás, me planté y dije ¡basta! Sucedió en una calle de la ciudad, cuando caminaba por mi derecha y me crucé con una fémina que venía en dirección contraria. Como ni ella ni yo hicimos ademán de apartarnos, quedamos detenidas frente a frente; sin hablarnos y lanzándonos miradas desafiantes. Y en tan grotesca situación permanecimos hasta que un transeúnte convenció a mi antagonista de que depusiera su actitud porque el derecho estaba de mi parte.
La mujer al fin se desvió, mas lo hizo profiriendo insultos; llamándome gilipollas y otras lindezas por el estilo. Y yo quiero decirle a esta persona que ninguno de los epítetos que me dedicó me son aplicables. Que mi acto de rebelión ante la mala educación no fue frente a la suya particularmente, sino también contra la de tantos y tantos con los que me encuentro cada día...
Mi hastío es infinito. Yendo siempre por mi lado, estoy cansada de tener que retirarme de mi camino para dejar que pasen quinceañeros que invaden la acera y parece que no me ven; u hombres fornidos y más jóvenes que yo; frescales en general; canes con dueños inciviles... Y lo mismo da que me vean cojeando; empujando el carrito de mi nieta o cargada como una bestia.
Nieves Correas Cantos

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