En el pueblo en el que vivo me llaman el Varón Cuitado. El remoquete me lo puso un pedante resentido y enseguida hizo fortuna. A mí me disgusta; aunque tengo que reconocer que el apodo se ajusta muy bien a mi apariencia de hombre permanentemente afligido.
La tristeza que causa mi aspecto lastimero viene de no haber sabido encontrar a tiempo mi camino. De haber desperdiciado los mejores años ejerciendo el oficio de barrenero, cuando ésa no era mi vocación. De no dar en el momento oportuno con el escondrijo donde radicaba la felicidad...
Mas en la actualidad, si no radiante, algo ufano sí que estoy. Hace poco, descubrí de manera casual la profesión de manicuro y enseguida advertí que eso era lo que me hubiera gustado ser a mí. Entre tijeras, limas, esmaltes y acetonas noté que me hallaba en mi elemento... Con estos enseres en la mano ahora puedo desarrollar mi creatividad; convertirme en el máximo hacedor de virguerías ungulares; sentirme realizado. De forma desinteresada corto los padrastros a mis vecinas; les pulo las uñas; se las laco. ¡Y un viajante de pintaúñas me tiene enterado de las últimas novedades!
Nieves Correas Cantos

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