Ayer le fallé a una amiga. Era su cumpleaños y hasta última hora de la tarde no la felicité. Y lo hice después de que ella me enviara un mensaje en el que, con un tono burlesco no exento de amargura, mostraba su decepción.
Me afligí mucho porque la relación que existe entre mi allegada y yo es de esas que tan convenientes son para mantener la cordura. De las que hubiera hecho sentirse comadres a dos mujeres de antaño; de aquellas que implican un trato continuado y una gran confianza mutua...
Lo único que puedo aducir como descargo es que no sé en qué día vivo. Que aunque todas las mañanas estoy ante cosas que llevan la fecha como el calendario de cocina, el ordenador, el periódico... no siempre la miro; y que, cuando lo hago, inmediatamente después el trajín diario absorbe mi atención y me provoca estos descuidos...

No hay comentarios:
Publicar un comentario