Algunos lugareños, para señalar que Canuto estuvo en tierras muy lejanas, decían que anduvo por donde Cristo dio las tres voces. Y otros, queriendo precisar más, aseguraban que los sitios a los que efectivamente llegó fueron a la Argentina y el Uruguay.
Sea lo que fuere, lo cierto es que el susodicho pulió toda la herencia de su abuelo en un viaje tras la felicidad. Un periplo que emprendió para encontrar algo que con anticipación le fue imposible definir, pero que necesitaba para no ahogarse en el vacío; el principio filosófico que le ayudara a liberarse de su insatisfacción permanente...
Y a fe que consiguió dar con lo que buscaba porque cuando volvió al pueblo lo hizo pletórico de espiritualidad. Adecentó un casucho que conservaba y se estableció como tallador; y una noche de luna llena, en el yerbal, le cantó al oído “Amorcito corazón” a la mujer que amaba, y ambos se dejaron llevar por el influjo del bolero.

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