viernes, 8 de enero de 2021

DE FRÍO Y HUESOS

 Habitualmente me levanto con presteza de la cama, mas hoy no ha ocurrido así. En la madrugada, cuando he advertido que ya no dormía, la diligencia que tendría que haberme acometido en ese momento no se ha presentado y su falta ha sido aprovechada por la pereza para apoderarse de mí.

Arrebujándome con el edredón sentía el viento ulular al otro lado de la ventana, mientras maginaba parajes inhóspitos: desiertos con la arena empujada por un temporal seco; gargantas de montes con grandes ventiscas; las botas con espuelas de Clint Eastwood clavándose en la tierra a modo de representación de la firmeza en medio de tanta inestabilidad... 

Como los quehaceres matutinos me reclamaban, yo intentaba abandonar el lecho una y otra vez. Hacía ademán de incorporarme e incluso me retiraba el cobertor; pero eran tales las protestas de mi esqueleto que al final optaba por seguir acurrucada dentro de la cobija. ¡Qué alboroto han organizado mis huesos! ¡Ni que entre ellos y el aire no hubiera carne y piel! Me molestaban todos; y más aún las vértebras cervicales...

Por último, y antes de que la flojedad me poseyera por entero, he pegado un brinco y aquí estoy.

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