Baltasar decía que cada edad tiene lo propio; y que lo ideal era poder vivir eso que es propio de cada edad en el momento adecuado y con mucha intensidad.
Aunque lo hacía extensivo a todo, en este caso aludía a las personas que, por ennoviarse muy pronto, dejaban de experimentar las virtudes del ligue intrascendente en la primera juventud. Y de un modo concreto se refería a esos compañeros de facultad que, por estar prometidos, nunca entraban en el juego amoroso del coqueteo, el flirteo, el tonteo... o como quiera llamarse.
En fin: que según Baltasar, los que ya pensaban en casarse no sabían lo que se perdían no asistiendo a nuestras maravillosas fiestas y guateques.
También opinaba mi compañero de clase que muchas mujeres no vestían con arreglo a sus años. Y en este punto, él, que estudiaba lo mismo que yo pero soñaba con ser modisto, me aseguraba que en el futuro abriría un taller en Barcelona. Un atelier que se llamaría “El sumun de la elegancia”; y desde el cual marcaría tendencias y daría consejos sobre cómo vestir bien.

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