martes, 6 de octubre de 2020

LAS RAZONES DE LOS OTROS

 De todas las cosas que me está trayendo la vejez, la que más me gusta es la serenidad. Con este apaciguamiento del ánimo, incluso estoy viendo el mundo de otra manera.

Y no es que yo fuera antes una persona egocéntrica y autocomplaciente, de esas que se pasan todo el día mirándose el ombligo. ¡Qué va! Pero sí que tenía mucha vehemencia y, ante las respuestas que no me parecían lógicas, cogía grandes enfados y comenzaba a despotricar hasta que llegaba el desenojo.

Ahora por el contrario, con los ardores muy mermados y esta bendita quietud, cuando ocurre algo que me incomoda, no me permito la mínima pesadumbre y directamente me pongo a volar. Y es en este paseo por el aire, con la facultad de comprender muy exacerbada, cuando veo todo y a todos en su justa dimensión.  


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