Ayer, después de escuchar un discurso impregnado de ese buenismo necio e impostado que está tan de moda, hubiera precisado un lingotazo de maledicencia para contrarrestar. Un chupito de vitriolo servido por aquellas tías tuyas que vivían en S...
Me refiero a esas a las que adjetivabas hasta el infinito: ácidas, sarcásticas, corrosivas, punzantes... De las que decías que no bastaba con llamarlas mordaces porque su mala leche era bestial. Dardos hirientes que no dejaban títere con cabeza...
¿Te acuerdas de cuando teniéndolas en la habitación contigua nos pusimos a bailar “Hier encore”? El riesgo al que nos exponíamos nos excitaba... Fue la tarde en la que en el costurero de tu tía F. descubrimos un cilicio...

No hay comentarios:
Publicar un comentario