miércoles, 29 de septiembre de 2021

DESPUÉS DE LA CELEBRACIÓN

 Ayer, después del evento, volví a casa con aspecto ajado, sensación de vacío y una tristeza melancólica. 

Lo hice marchita porque, a mi edad, es imposible mantener la rutilancia durante mucho tiempo. Privada de frescura, una procura sustituirla por sofisticación. Y a fe que lo consigue ya que la mayoría de veces resulta elegante... Pero, como el acto al que acuda se prolongue demasiado, las señales de cansancio irán apareciendo de modo indefectible.

Con sensación de vacío debido a que, en el regreso, noté la falta de esa ilusión que había mantenido encendido mi espíritu durante semanas. Días con la esperanza puesta en un acto que me parecía muy atractivo y que acababa de finalizar...

E impregnada de nostalgia, mucha nostalgia... En el convite me había reencontrado con viejos amigos que, por andar desperdigados por el mundo, hacía tiempo que no veía. Leales compañeros con los que, probablemente, nunca me iba a volver a reunir...

Y con la ropa oliendo a sudor, perfume, cigarrillos y alcohol...

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