miércoles, 29 de septiembre de 2021

¡QUÉ TONTOS SON MIS ABUELOS!

 Antes, cuando no éramos abuelos, el comportamiento de mi marido y el mío siempre era serio y mesurado. La circunspección presidía nuestras conductas; y, si algo nos caracterizaba, era la adustez.

Pero ahora que tenemos una nieta, la desinhibición ha llegado a nuestras vidas y nos conducimos con total espontaneidad. ¡Qué remedio! En los momentos en los que la pequeñina se pone burreta y empieza a patalear y a hacer pucheros, mi cónyuge y yo, para entretenerla, improvisamos y actuamos como Dios nos da a entender.

Ayer, por ejemplo, ambos nos pusimos frente a la hamaquita donde estaba sentada y, gesticulando mucho y moviéndonos a compás, le entonamos “Cucú cantaba la rana”.

El cuadro para un mayor debía de resultar grotesco. Mas a ella le gustó porque enseguida aparecieron las sonrisas, el contento y la emisión de unos soniditos que probablemente querían decir: ¡qué tontos son mis abuelos!

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