La vagancia se ha pegado a mí como una lapa. Se ha asido tan fuertemente a mi ánimo que me está resultando imposible liberarme de ella. Es como una especie de desgana infinita que me estorba el retorno; un desinterés que no sé cómo revertir...
Mi yo vigilante me sermonea de manera continua. Me advierte los riesgos a que me expongo. La posibilidad de que, por estar mucho tiempo sin interpretar, pierda el compás y nunca más pueda volver a tocar con la calidad acostumbrada...
Mas la reprensión, aunque a ratos logra empavorecerme, no me causa el efecto que quisiera. No consigo vencer la abulia y reemprender la actividad. Y es que, y no sé el motivo, las notas ya no me conmueven como antes...

No hay comentarios:
Publicar un comentario