miércoles, 29 de septiembre de 2021

EL DISCRETO ENCANTO DE LA HIPOCRESÍA

 ¡Lo siento, Elena! Cuando me preguntaste que qué veía en aquel lienzo y te dije que un horrendo manchurrón, desconocía que lo había pintado tu marido. De haber sabido que él era el autor, mi opinión sería la misma; aunque ciertamente no te la hubiera manifestado de una manera tan áspera. Me hubiera valido de algún que otro circunloquio para suavizar mi parecer; y hasta es posible que, tratando de eludir un veredicto, me hubiera puesto a divagar.

Sin pretender arreglar el desaguisado, me gustaría añadir algo más a mi dictamen. Pienso que quizá tu cónyuge hizo el cuadro tan desagradable a propósito. Que, con el antiestético chafarrinón, lo que buscaba era provocar en el espectador unas emociones ligadas a la contemplación de la fealdad... ¡Yo qué sé! La única verdad es que no entiendo ni papa de arte moderno...

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