miércoles, 29 de septiembre de 2021

EL GALLO DEL CORRAL

 En mi faceta de escritor soy vanidoso y temperamental. Estoy convencido de mi talento; y hacia el público, que es quien me tiene que juzgar, guardo sentimientos ambivalentes. Cuando mi obra tiene gran aceptación, o sea que tengo éxito, los lectores me parecen divinos; los amo y me muestro con ellos sinceramente agradecido. Pero como su reacción no se corresponda con la que yo espero, me aíro y en la soledad de mi estudio me dedico a vituperarlos.

Lo que me ocurre a mí no sé cómo denominarlo: ¿inseguridad? ¿soberbia? ¿vanidad? ¿complejo de inferioridad? Sea lo que fuere, en lo que se traduce es en la excesiva necesidad que tengo de ser siempre el preferido; el gallo del corral... Mi deseo de atraer la atención nunca se puede colmar. Quiero fanes y adeptos que continuamente me muestren su admiración, aunque a veces tenga la sensación de que apenas ojean mis relatos.

He de admitir que en este corral también componen otros autores extraordinarios; pero ninguno me hace sombra. ¡Yo soy el mejor!

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