No te puedes imaginar cómo valoro nuestra amistad, Eliseo. Me pareces una persona extraordinaria y te quiero mucho; por ello, y para evitar que nuestra relación se malogre, creo que deberías decirme el motivo del malestar que ahora muestras conmigo. Y no me niegues la existencia de dicha desazón porque no cuela. Recuerda que te conozco desde hace tiempo y que soy capaz de advertir cualquier cambio que se produzca en tu estado de ánimo.
Con el ansia de despejar la situación, pienso en cuál ha sido mi comportamiento respecto a ti, y por más que lo examine no encuentro en él nada digno de reproche. Mi lealtad continúa inquebrantable; y el respeto y la admiración que te tengo no han mermado.
Como conozco que eres muy picajoso, siempre me he guardado de ironías y sarcasmos, ya que cualquier broma en este sentido te podía ofender. Es cierto que tengo un carácter insoportable, pero no recuerdo haberte dicho o hecho ningún despropósito que haya podido originar tu enfado. No sé, seguro que todo se debe a un malentendido...

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