I. El haiga
Un día de 1960, cuando Germana y sus amigas estaban jugando en la plaza del pueblo, vieron aparecer un haiga impresionante. Después de dar dos vueltas a la fuente, el cochazo se detuvo en la puerta de la fonda y de él bajaron un hombre y una mujer ataviados con mucho aparato. La fémina, cual estrella hollywoodiana, llevaba un abrigo de pieles, tacones de aguja, collar de perlas y gafas negras. Y su acompañante vestía un traje rayado con chaleco, semejante a los que lucían los potentados en las películas.
II. La curiosidad
Deslumbradas ante tanta pompa desplegada, las púberas se acercaron a un grupo de curiosos con el ánimo de enterarse de quiénes eran aquellos seres que parecían extraterrestres... Y fue en ese momento cuando escucharon a un lugareño referirse a la extraña viajera con el nombre de pilingui.
III. El oráculo Josafat
Dispuestas a averiguar el significado de aquel término que no conocían, y que intuían que escondía algún secreto, las chiquillas lograron juntar las tres pesetas que costaba consultar al aclarador de dudas, y acudieron a pedir su parecer... Pero Josafat, que así se llamaba el oráculo, en vez de resolverles algo, lo que hizo fue confundirlas más. Les dijo que una pilingui era una mujer que se dedicaba a actividades nada convencionales; y añadió que esa manera de comportarse en el pueblo era la propia de una esnob. Así, y se quedó tan fresco... Ni por un momento se le ocurrió que aquellas niñas no tenían ni idea de lo que quería decir la palabra convencional, y aún menos esnob.
Nota.- La primera vez que oí la palabra pilingui pensé que quería decir zancuda. Y si llegué a esta conclusión fue porque la mujer a la que le aplicaban este término tenía las piernas muy largas.

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