domingo, 18 de abril de 2021

EL SOPICALDO COMO INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN

 Nunca entendí por qué aquel hombre ejercía tanta autoridad en la familia de Balbina. Lo consideraban el oráculo; y a su casa acudían todos los descendientes, colaterales y allegados buscando consejo.

A mí, cuando fui con mi amiga a visitarlo, me cayó fatal. Me pareció un ser de ningún modo dialogante; que pontificaba en vez de hablar; y aferrado pertinazmente a ideas y costumbres obsoletas.

En las seis o siete horas que permanecí en su casa, no paró de emitir dictámenes sin moverse de la cabecera de la mesa; y cuando en un momento intenté refutarle una sentencia que me pareció el sumun de la necedad, me dirigió una mirada hostil para después ignorarme por completo.

Al mediodía, la mujer sumisa y aparentemente infeliz del jerarca trajo un cuenco lleno de sopicaldo y nos repartió unos cubiertos a todos los presentes. Y ante mi sorpresa y consternación, el paterfamilias dejó de perorar; metió su cuchara en el líquido y sentenció que ya podíamos empezar.   

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