Llevo unos días de mucho trajín; jornadas en las que literalmente no tengo un minuto libre. Fechas en las que me veo obligada a hacer todo con premura...
Me gusta el ajetreo mental y físico; pero tanto azacaneo a mi edad es, como diría un castizo, “malismo pa la salú”. Me noto impaciente, acelerada, a punto de sufrir un ataque de nervios...
Echo de menos las horas vacías; el disponer de tiempo para poderlo perder. Y, sobre todo, noto la falta de los momentos swing. Esos ratos en los que me tumbaba en el sofá y, mientras escuchaba música, dejaba que mi pensamiento vagase por el inacabable mundo de la fantasía.
Yo los llamaba momentos swing porque este estilo es uno de mis preferidos; pero eran muchas las obras y los intérpretes que podían ocupar dicho espacio. Recuerdo especialmente a Plácido Domingo cantando “E lucevan le stelle” de Tosca; Camarón y “La Tarara”; Carlos Santana y su “Evil Ways”; Moncho e “Historia de un amor”...

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