Juan, en uno de sus relatos, dijo que llegó a conocer París mejor que los canchales de su pueblo; y yo me sentí identificada con él. Desde entonces me rondan sus palabras; y, como a cada momento que pasa me parecen más precisas y más preciosas, ganas me dan de escribir un libro sobre esta ciudad e iniciarlo con ellas.
Imagino que, a algunos, la aseveración de nuestro amigo les parecerá una boutade; una exageración dicha con el ánimo de epatar. Otros, los que no conciben que se pueda ser patriota y cosmopolita a la vez, la juzgarán como una especie de injuria; y también habrá quien opine que la frase en cuestión es una soberana estupidez...
Pero los que pensamos con Hemingway que París era una fiesta; los que antes de visitarla por primera vez ya la conocíamos porque habíamos crecido empapándonos de su cultura; los que vivimos prendados de ella y no podemos resistirnos a su influjo; los que hemos tenido una abuela que recibía las cremas de Coty de esta ciudad... ¡estamos con Juan!

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