Este cuento se lo dedico a Luis. Algo muy divertido que dijo sobre un chándal me ha servido de inspiración.
EL BELLO GUTIERRE Y UNA CORBATA CON UN GRAN PERO
Doña Muniadona aleccionaba a sus alumnos sobre la conveniencia de ser prudentes en el momento de comprar. Les aconsejaba que no se dejaran deslumbrar por el brillo de los artículos expuestos y que consideraran sus posibles inconvenientes. Añadía que recordaran que en el seno de la perfección casi siempre puede anidar algún defecto.
Para ilustrar y fortalecer su opinión, la maestra les ponía a sus discípulos el ejemplo de don Gutierre, un otoñal de buena planta que fue a comprarse una corbata y acabó escarmentado.
Explicaba que, cuando el susodicho llegó a la tienda, se prendó de una chalina de color dorado con bordaduras verdes que hacían juego con sus ojos. Una prenda que le pareció tan chic que no pudo evitar comprarla, pese a que costaba un pico y a que era tan delicada que sólo con poner los ojos en ella se deterioraba.
Siguió contando la mentora que, a raíz de la adquisición de la corbata, Gutierre empezó a ser conocido con los apelativos de “el Guapo” por las mañanas y “el “Desaseado” por las tardes. Y esto era así porque, a lo largo del día (y tal como le había advertido el dependiente de la corbatería), cada vez que alguien contemplaba la lindura del maduro galán, en su chalina aparecía un lamparón.

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