Lo mío no fue sandez, sino sarcasmo. Ironía para digerir un panorama que se me antojaba desolador. Espectáculo donde la desmesura alcanzaba lo grotesco...
Luego me arrepentí. Desaparecido el rubor provocado por tal exceso, lamenté haberme burlado con tanta crueza de semejante situación. Después de todo, sólo se trataba de un concierto en el que el cancionista (un gran músico pese a todo) derrochaba romanticismo y en el que sus fanes le correspondían enardecidos...
Nieves Correas Cantos

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