El tiempo va pasando y a mí no me conoce ni Dios. Los escasos lectores que tengo alaban mi obra; e, incluso, alguno me dice que es incomprensible que aún permanezca en el anonimato. A mí, viendo lo que se publica, también me asombra; pero es algo que no puedo evitar.
Carezco de editor, promotor y de amigos influyentes; y sobresalir entre esta cantidad infinita de escritores que pueblan La Red se me antoja imposible.
A veces, cuando me acuesto después de las nueve, pongo en la televisión el programa de First Dates y pienso que yo podría ir a cenar a ese lugar con mis escritos. Me imagino entrando por la puerta con ellos y saludando al presentador; mas antes de sentarme en la barra y pedirle un cóctel al barman, me acuerdo de que ése es un espacio para buscar pareja y yo estoy felizmente casada.
También cavilo en presentarme a cuanto casting haya de telerrealidad para ver si me cogen para un reality show. Aunque no me figuro en una isla comiendo raíces y discutiendo como una verdulera (aun pudiendo mostrar mis escritos entremedias); ni a mi marido defendiéndome en un plató.
Nieves Correas Cantos.

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