domingo, 7 de noviembre de 2021

DE PEDOS Y VAHIDOS

 Aquel pedo que me tiré no se me escapó, sino que lo lancé adrede. Fue una ventosidad que expelí intencionadamente y con todas las de la ley; poniendo todo de mi parte para que fuera perfecto. Sonó fuerte, estruendoso, magnificente... ¡como yo quería! El propio de una persona que, después de mucho practicar, domina la técnica.

Me peí en una comida a la que asistían todas las fuerzas vivas del pueblo y cuyos anfitriones eran mis padrinos. Lo solté en el momento en el que el capitoste mayor estaba echando un discurso plagado de ideas tradicionales y acomodadizas; un blablablá hastioso y que me estaba poniendo de los nervios.

Mi acto gasístico (que dejó a todos los comensales patidifusos) obedeció a sendos impulsos de rebeldía y autoafirmación. Sublevación frente a los convencionalismos, y defensa de mi singularidad.

Y lo mismo puedo decir de cuando mis valedores hicieron un viaje a Fátima y yo, en su ausencia, metí a una vedete con la que me entendía en la casa. Al volver los peregrinos fue el disloque. Nos echaron a los dos y tuvo que venir el cura a rociar agua bendita por todas las habitaciones para que doña Vasilisa, mi madrina, se pudiera recuperar del soponcio que le había provocado la profanación de su hogar.


Nieves Correas Cantos.

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