Hay mañanas en las que no tengo ganas de nada; ni siquiera de escribir. Hoy es uno de esos días en los que hasta la luz parece mostrarse indolente porque no acaba de aparecer. Todo a mi alrededor se conjura para perderme. Mi sofá, igual que hacían las sirenas con los marineros, me llama con una voz tan cautivadora que no puedo resistirme. Pero a diferencia de las ninfas que conducían a los navegantes a la muerte; a mí, mi otomana me va a dirigir al más completo ridículo.
Como esta tarde quiero ir a la estación a pasar un rato con Pucho y sus amistades, a estas horas tendría que estar en plenos preparativos para que mi aspecto fuera mejor. Necesitaría teñirme el pelo; aplicarme potingues por aquí y por allí con el fin de disimular las arrugas; plancharme el sayo que me vaya a poner... Mas ¡quia! Mi diván me tiene embargados los sentidos de tal manera que no me puedo mover.
Nieves Correas Cantos.

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