miércoles, 18 de noviembre de 2020

¡TENGO MIEDO!

 He tecleado tu nombre en el ordenador y ha aparecido en la pantalla la imagen de un hombre orondo y satisfecho. No puedo creer que seas tú: estás irreconocible.

Me he llevado un chasco porque esperaba encontrar al tipo ascético del que me enamoré, para contarle que me estoy quedando sin fantasía. Que la maldita pandemia me está desorientando, y muchas veces me extravío cuando intento llegar al reino donde moran las ilusiones.

Si tu semblante me hubiera parecido menos mundano y más espiritual, te hubiera manifestado que en los momentos en los que me siento perdida me aterra la posibilidad de no hallar el camino de retorno. De quedarme para siempre con un pensamiento prosaico y no poder volver a percibir la magia que tienen las cosas.

En mi afán por no errar el rumbo de la felicidad me pongo cada día retos más difíciles. Con decirte que hasta me he propuesto escribir un relato erótico... ¡Imagínate lo que puede salir del lápiz de una puritana como yo! Lo que sí tendré en cuenta en el instante en que lo haga será lo que me dijiste acerca de la pasión: que no había nada que la avivase más que la ausencia de adorno.



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