Con los años he perdido impulsividad, presteza... Antes, cuando ocurría algo que me concerniera, ya fuera en Albacete o en la Conchinchina, me dejaba llevar por la impresión y sin pensarlo emprendía viaje. Pero ahora, por muy tremendo que sea el sucedido y/o por mucho que me ataña, lo primero que hago al enterarme es reflexionar. Ver cuáles son mis posibilidades y calibrar los riesgos del traslado. Y si decido no ponerme en camino las más de las veces, no lo hago porque me haya vuelto tibia o comodona, sino porque las facultades menguan y una no está para andar en muchos trotes.
miércoles, 18 de noviembre de 2020
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