miércoles, 18 de noviembre de 2020

DE GOLONDRINAS Y VENCEJOS

 ¡Mira que los humanos somos puñeteros! Basta con que nos prohíban hacer algo para que ejecutar eso que nos vedan se convierta en nuestra mayor obsesión. Es lo que le ocurrió a Eva en el Paraíso, y lo que nos sucede a diario a todos los mortales allá donde nos encontremos.

A mí, por ejemplo, ha sido suficiente con que no se pueda salir de Cataluña por el cierre perimetral para que me hayan entrado unas ganas enormes de hacerlo. Un anhelo vehemente de traspasar los confines de la Comunidad e irme a mi pueblo. Y este deseo es tan grande que mi felicidad parece supeditada a conseguirlo.

Añoro mi parra. Me la imagino desnuda y nudosa en medio del patio, esperando la primavera para volver a brotar. Y me pregunto a qué lugar habrán emigrado las golondrinas y vencejos que había en verano; cómo seguirán los gatos que andaban por encima de los muros y tejados a la caza de algo para comer; cuándo el sol se empezará a dibujar en las paredes...


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