miércoles, 18 de noviembre de 2020

DE JIPIS Y CEMENTERIOS

 En estos días previos a Todos los fieles difuntos, lo que procede es retrotraerse a los tiempos del catapum y hablar de castañas, moniatos y cementerios. 

En mi pueblo, estos frutos y tubérculos los asábamos en la lumbre; y, aunque yo nunca los comía porque no me gustaban, asistía entusiasmada a la ceremonia que se llevaba a cabo en el lar. También recuerdo a unos jipis que vestían de manera estrafalaria y que, por estas fechas, regalaban pilongas y flores de papel.

En lo que atañe al cementerio diré que se encontraba al final de un camino descendente. Y este dato convenía no olvidarlo porque, cuando un anciano manifestaba que tenía ganas de irse para abajo, en realidad no estaba exponiendo su deseo de morirse en un sentido bíblico (polvo eres y en polvo te convertirás), sino que lo que estaba declarando era que quería marcharse con sus amigos que lo esperaban en ese bajo lugar.


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