sábado, 22 de febrero de 2020

LEONA Y EL SÉPTIMO ARTE


En el instante en que Aarón y yo cruzamos la mirada, nos quedamos prendados uno del otro; y después de unos días, ya andábamos entusiasmados y locos de amor.
Como cinéfilos empedernidos, asistíamos a cuantas matinés de las salas de arte y ensayo nos permitían las clases; y, algunos sábados, acudíamos a los locales de sesión continua para ver filmes antiguos.
En la Nochevieja de 1970, cuando fuimos invitados a una fiesta que requería traje de noche, yo me vestí con uno igual al que llevaba Lauren Bacall en “El trompetista”; y, durante toda la velada, Aarón y yo estuvimos bailando con el mismo arrebatamiento que lo hacían ella y Kirk Douglas en dicha película (aunque hay que señalar que en nuestro caso la música fue diferente: “Ne me quitte pas”, “Dio come ti amo”...). 
Después, cuando apareció la palabra “Fin” y los proyectores se apagaron, Aarón y yo nos fuimos de aquella mansión y, en un lugar encantado, comenzamos a rodar una nueva cinta... 

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