Si tuviera que explicar cómo era el comportamiento de los chicos durante el baile agarrado, en los guateques, haría una ordenación con cinco clases. Y los títulos respectivos serían: El tocón, El correcto, El meditabundo, El santurrón y El interesante.
El tocón
Este ejemplar, como su nombre indica, iba directamente a meter mano; o, como diría un cura de la época, se trataba de un salido al que le podía la lascivia. Excepto que la partenaire compartiera sus intenciones, era agobiante bailar con él. Sus extremidades parecían multiplicarse; y constantemente había que estar pidiéndole que subiera la mano; que apartara la cabeza; que no te asiera con tanta fuerza...
El correcto
En este conjunto incluiría a los modosos; los tímidos; los que no sentían una atracción especial por la persona que tenían entre los brazos y estaban bailando con ella por compromiso... La conducta de los individuos de esta especie era irreprochable; pero como solían pecar de sosos, la experiencia resultaba baldía; como que ni fu ni fa...
El meditabundo
Esta figura, sea porque fuera su natural, o porque había bebido más sangría de la conveniente, parecía estar sumida siempre en profundas cavilaciones. Apenas hablaba; y, más que mover los pies acompasadamente, lo que hacía era arrastrarlos. No era mala pareja de baile pues a la vez que sentías su calor, podías concentrarte en tus propios pensamientos.
El santurrón
Como bailaba completamente encorvado, a este espécimen lo identificabas enseguida. Para evitar rozar a la muchacha que tenía delante, era capaz de contorsionarse hasta el infinito. Se creaban situaciones grotescas; y resultaba muy incómodo danzar con ellos.
El interesante
Para mí, este era el mejor. El que sabía que la principal arma de seducción es el cerebro y la empleaba con denuedo. Aún recuerdo, como uno de los mejores momentos de mi vida, una conversación entre un muchacho y yo, mientras nos movíamos al compás de “Hier encore”

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