Sé que a pesar de que no te gustan algunas de mis amigas, alternas con ellas para complacerme a mí. También advierto que me acompañas a ciertos lugares por el mismo motivo... Te estoy agradecida por ambas cosas y quiero corresponderte; pero no me pidas que asista al almuerzo de Teodoro, porque yo a ese tío no lo puedo soportar. Es un fatuo; y con esa voz tan engolada... ¡No, no! ¡Es imposible! Cuando lo veo contando grandezas y desdeñando los logros de los demás, me entran ganas de confrontarlo con su pobre y triste realidad.
Mira, si quieres te acompaño a ver a Basilio, que aunque tampoco me cae bien, lo puedo aguantar. O a Felipe, que ya sabes que no es santo de mi devoción, pero sí me esforzaría en mostrarme simpática por agradarte a ti. Lo que sea, menos ir a la comida de ese ser arrogante y altanero llamado Teodoro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario