sábado, 9 de noviembre de 2019

Hacer de su capa un sayo


Con el tema de Franco aún candente, yo voy a hablar de su nieta mayor Carmen Martínez Bordíu. Y es que esta mujer bella y mundana fue para mí, durante años, la representación de la modernidad; lo contrapuesto a lo establecido.
Aunque su pedida de mano y su casamiento con el duque de Cádiz me parecieron dos actos muy convencionales, juzgué la historia de amor que desembocó en ellos como de película; y lo que me dejó completamente alucinada fue su affaire con el anticuario francés Rossi y su marcha a París.
Hacer algo algo así en una sociedad tan timorata como la de entonces requería una gran dosis de valentía; y a Carmen no le faltó. Recuerdo que el escándalo que se armó fue mayúsculo, y que a la pobre la condenaron prácticamente al ostracismo.
Pero cuanto mayor era el encono de ese conjunto de hipócritas, meapilas y biempensantes hacia ella, más crecía mi admiración; y así, hasta quedar convertida en una auténtica entusiasta. Al fin y al cabo, esta mujer había hecho lo que muchas deseaban y no se atrevían: rebelarse contra las normas establecidas y obrar con total libertad en todo lo que la atañía.
Y mi fervor llegó a tanto que, del mismo modo que los fanes de Rocío Jurado visitaban “La Yerbabuena” con la esperanza de encontrársela, yo también me acerqué a Aveline, la tienda del anticuario en el Faubourg Saint-Honoré, por los mismos motivos.
Después, en la vida de la protagonista de este cuento ocurrieron grandes tragedias y hechos felices; pero ésa es otra historia.

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