sábado, 9 de noviembre de 2019

Dejar oír mi voz


Lo que me pasa a mí se llama desesperanza; e intuir que hay muchas personas padeciendo el mismo mal no me sirve de consuelo. 
Aquí en Catalunya, El Procés lo invade todo; y al que no comulga con él (y osa tener voz y participar en los asuntos públicos), la vida se le complica sobremanera.
Como no todos somos héroes (y el que más y el que menos tiene familia que salvaguardar), la mayoría optamos por el silencio y por renunciar a ejercer nuestros derechos; aunque adoptar esta posición también tiene consecuencias.
Vivir en un ambiente tan opresivo, con tanta incerteza y sintiéndote desamparado, te sumerge en un estado de tristeza permanente que se exacerba en momentos clave como el que estamos viviendo ahora; y la apatía y la ansiedad vienen a completar el cuadro.
Intentando salir de este marasmo he escrito estos renglones. No quiero seguir teniendo la sensación de ser una cucaracha, que se ha plegado a vivir escondida a cambio de que la dejen en paz.

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