domingo, 24 de noviembre de 2019

En el casoplón de doña Dionisia


No pretendía epatar. Lo que ocurrió es que aquel camisón de seda beis ejerció tal influjo sobre mí que no pude resistirme a lucirlo en el evento.
Lo encontré rebuscando en un baúl que había en el casoplón de doña Dionisia; y enseguida que lo vi, reconocí su calidad al tacto y necesité ponérmelo.
Alcé los brazos por encima de la cabeza y los introduje en él; y sentirlo deslizarse suavemente por mi cuerpo fue un auténtico disfrute. Después anduve para acá y para allá con los tacones, para permitir que la finísima tela resbalara entre mis piernas y  las acariciara... Y por último, le pedí a mi anfitriona el batín acolchado de su marido; porque, al ser de color de chocolate, era el complemento perfecto para el camisón.
Y vestida de esta guisa, y con unos pendientes largos, asistí al homenaje que se celebró en honor de un insigne poeta y a la cena posterior.

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