domingo, 24 de noviembre de 2019

Cuando éramos felices


Viendo lo enrarecido que está el ambiente, nadie diría que hubo un tiempo en el que la cordialidad y el entendimiento reinaron entre nosotros; y, sin embargo, fue así.
Me refiero a los momentos en los que todos parecíamos tener magia; y en la que cada cosa que sucedía la juzgábamos estupenda. A la oportunidad que quisimos aprovechar para embarcarnos en un proyecto común; y que, por unas cosas o por otras, no pudimos ejecutar...
Luego vino el desgaste de la convivencia y la falta de ilusión; y así, hasta quedar convertidos en lo que somos ahora: seres enojados por esto o por aquello y sin vigor.
Y por si acaso estas son las últimas horas del Post según lo hemos conocido, os quiero contar (¡de verdad!) como os dibujé en mi imaginación a poco de entrar; cuando apenas sabía de vosotros...
Para mí, los mandamases erais dos: la dominatriz y el viejo roquero; y, a continuación, estabais los demás, con unas personalidades bien definidas. Me identifiqué enseguida con una mujer con la que me pareció compartir código; y con un hombre que tenía mi mismo gusto musical y que escribía con palabras que me eran muy cercanas. Me intimidó una fémina que se guaseaba de todo y de todos; y que no dejaba títere con cabeza. Pronto localicé a la persona que creí mi antítesis: la admiré, pero pocas veces convergí con ella. Me irritó a veces un caballero que demostraba tener más sensatez y sabiduría que los demás; y en alguna ocasión  vislumbré a un ser al que catalogué como un extraterrestre, que me inquietaba y no me caía nada bien... 

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