domingo, 23 de junio de 2019

Unas zapatillas de color oro viejo


Hace poco, cuando paseaba por las calles de una pequeña ciudad, me topé con una tienda de ésas, de precios más baratos, que todos llamamos outlet. Era de calzado; y, como necesitaba unas zapatillas de cuña de esparto, entré para ver si las encontraba. Tuve suerte, e inmediatamente di con las que parecían ideales para mí: de color azul marino y con el talón y la punta de arpillera.
En el momento de ir a pagar, la dependienta me advirtió de que, junto con esa compra y por sólo diez euros más, podía llevarme un segundo par de zapatillas; pero, eso sí, tenían que ser de las que había en determinado expositor.
Como me pareció interesante la oferta, dirigí la vista hacia ese calzado que prácticamente regalaban; y, como era de esperar, me encontré con una serie de adefesios. Pero, mirando y mirando, en medio de todos ellos descubrí un modelo que me pareció bonito y lo adquirí. Era de color oro viejo; y llevaba, en la parte de arriba, tres margaritas de un amarillo más claro.
Ahora, unos días llevo las zapatillas azules y otros las doradas. Y me ha ocurrido que personas que han alabado las segundas, calificándolas de preciosas, ipso facto han bajado su estimación y las han dejado en simplemente “monas” cuando se han enterado de su precio.

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